miércoles, 28 de noviembre de 2007

"If...", de Joseph Rudyard Kipling

Sale éstos días por la tele un anuncio de cierto producto, que saliéndose de la tónica habitual en su línea publicitaria (y la de otros productos similares), deja cierto hueco a la reflexión y, por qué no decirlo, a la emoción. A la par de unas imágenes ligeramente rebuscadas, en mi opinión, se escucha al señor José Sacristán, proverbial la elección, recitar un poema de Joseph Rudyard Kipling, cuyo título es "If...". No tengo mucha idea de lo que está bien o mal recitado, pero es que la voz de Don Pepe, me merece un gran respeto, por su poderío. Y tampoco conozco la obra, a excepción de "The jungle book" de ése poeta y escritor inglés de finales del siglo XIX, principios del XX. Pero gracias a la campaña publicitaria de "Young & Rubicam", deberíamos estarles agradecidos por descubrírnoslo un poco más.


"If..." (traducción)

Si la obra de tu vida puedes ver destrozada
y sin decir palabra, volverla a comenzar;
o perder en un día la ganancia de ciento
sin un gesto ni un suspiro...

Si puedes ser amante y no estar loco de amor,
si consigues ser fuerte sin dejar de ser tierno,
y sintiéndote odiado, sin odiar a tu vez,
luchar y defenderte...

Si puedes soportar que falseen tus palabras
los pícaros para excitar a los tontos:
y oir cómo sus lenguas falaces te calumnian
sin que tú mismo mientas...

Si puedes seguir digno aunque seas popular;
si consigues ser pueblo y dar consejo a los reyes;
y a todos tus amigos amar como a un hermano
sin que ninguno te absorba...

Si sabes meditar, observar, conocer,
sin llegar a ser nunca destructor o escéptico;
soñar, mas no dejar que el sueño te domine;
pensar, sin ser sólo un pensador...

Si puedes ser severo sin llegar a la cólera;
si puedes ser audaz sin pecar de imprudente;
si consigues ser bueno y logras ser un sabio
sin ser moral ni pedante...

Si alcanzas el triunfo después de la derrota
y acoges con igual calma esas dos mentiras;
si puedes conservar tu valor, tu cabeza
cuando la pierdan otros...

Entonces, los Reyes, los Dioses, la Suerte y la Victoria
serán ya para siempre tus sumisos esclavos
y, lo que vale más que la Gloria y los Reyes:
serás Hombre, hijo mío.

domingo, 18 de noviembre de 2007

La esencia del problema ontológico

- Déjame que te cuente la historia del gato. Es muy corta y simple. Una anfitriona recibe a unos invitados a cenar. Tiene un magnífico pedazo de carne de tres kilos sobre la mesa de la cocina listo para cocinarlo; entretanto conversa con los invitados en el salón, toman unas copas y todo lo demás. Después la mujer se excusa y se dirige a la cocina a preparar la carne… que ha desaparecido. Entonces descubre al gato de la casa lamiéndose muy tranquilamente los bigotes en un rincón.
- El gato se comió la carne – dijo Barney.
- ¿Seguro? Llaman a los invitados y discuten el asunto. El trozo de carne de tres kilos se ha volatilizado y ahí está el gato, bien alimentado y satisfecho. “Pesemos al gato”, sugiere uno de ellos. Todos están un poco bebidos y la idea les parece excelente. Van al baño y ponen al gato en una balanza. El gato pesa exactamente tres kilos. El resultado está a la vista de todos. Un invitado dice: “Bueno, ahí está la carne”. Tienen la certeza de saber qué ha ocurrido, ahora hay una prueba empírica que lo confirma. Entonces otro invitado duda y, perplejo, pregunta: “Pero ¿y el gato donde está?”
“Los tres estigmas de Palmer Endritch” – Philip K. Dick