miércoles, 13 de agosto de 2008

Qué difícil es escribir

"I never suffered from writer's block during the ten years of my marriage, and did not suffer it inmediately after Johanna's death."

"Bag of Bones", Stephen King.

Llevo varios años dándole vueltas en la cabeza a diversas ideas para un relato, una novela o qué se yo. El caso es que cuando parece que se me ocurre algo, en el momento de llevarlo a la práctica, me quedo en blanco, como el personaje de la novela del rey de los best - sellers.

Hace unos meses empecé un relato corto, pero no sé cómo terminarlo, así que me dedico a visitar foros y talleres de escritura, a ver si soy la única, o es normal. No es por falta de ideas, pero se hace necesario que encajen y tengan sentido con el resto de la trama. No hay cosa que menos soporte que los libros que empiezan enganchando al lector de tal manera que no es capaz de soltarlos, y luego se quedan en nada, por falta de un final adecuado. Mi relato tiene que tener un buen remate, aunque me cueste meses (que me está costando).

Parece una tarea sencilla, pero no lo es para nada. Quizá me estoy poniendo el listón muy alto, es mi primer cuento y ya pretendo que salga perfecto, pero si no me lo planteo así, menudo bodrio, la fé es muy importante.

Y luego, suponiendo que lo termine, quedará la mejor parte, pedirle a alguien que lo lea y me dé su sincera opinión.

Así las cosas, entiendo lo que contaba el protagonista del relato de King. Todos los escritores famosos saben que se hace, porque más de uno ha utilizado ese truco: escribir cuando viene la inspiración, y publicar cuando proceda. Si durante un período de tres años se han escrito dos libros, se puede editar uno primero y guardar el otro para cuando se necesite. Como la cigarra del cuento, que acumulaba en la época próspera para tener alimento para cuando llegaran las vacas flacas. Si le ha pasado al súper productor de novelas de éxito, lo mío no debe ser tan raro.
El que no se anima es porque no quiere.

martes, 12 de agosto de 2008

Otra cita




“La ciencia se encuentra desconcertada por la irracionalidad del populacho. Los estados de ánimo de las masas son inescrutables: eso es un hecho.”

Jack Isidore

Protagonista de “Confesiones de un artista
de mierda”.
La que es, en palabras de
su propio autor, Philip K. Dick, su mejor

novela fuera de la ciencia ficción.


Y lo más increible, es que después de haber ido a la biblioteca a devolver éste libro, miro por internet a ver que se cuenta sobre él, y doy con ésto. Sí, sí. Ahí está, enterito. (¿Que dirán los ladrones de la SGAE de eso?)

pd.: por cierto. Ésta lectura vino bien, después de ese "Naked lunch" de Burroughs. Aunque todavía no me he recuperado del todo.

jueves, 7 de agosto de 2008

Podría mejorarse

Soy aficionado a los comics. Quizá no un experto en ellos, pero si “algo” entendido. Y cuando leo uno, no puedo evitar fijarme principalmente en el dibujo. Sobre todo en el dibujo, y no tanto en el entintado o los guiones (aunque estos se podría decir que comparten importancia). Por supuesto, en el dibujo hay estilos y estilos (ya sean realistas, caricaturas, detallados, simples en sus líneas, etc.). Y eso también lo tengo en cuenta. Lo comento, porque no quiero que se interprete mal lo que voy a decir.

Recientemente, en un viaje que hice a Madrid, encontré en una librería de outlets, una estantería de comics a precio de ganga. Concretamente eran tomos de entorno a 144 páginas, de tapas blandas, a 6 euros la pareja. Teniendo en cuenta que su precio normal suele ser de unos 14 euros la unidad(no lo sé exactamente), me tiré a por ellos. Y me volví para Asturias con tres números de la serie “100 Balas”, de Brian Azzarello y Eduardo Risso, “Heavy Liquid”, de Paul Pope, y dos números de “Transmetropolitan” de Warren Ellis y Darick Robertson. Pues bien. Son estos dos últimos el motivo de este post. Informándome por internet sobre la saga de “Transmetropolitan”, me encuentro con una serie de culto (ciberpunk, lo llaman), que al parecer goza de cierto prestigio. Pero, que queréis que os diga. La historia puede que esté bien, pero hacía tiempo que no veía dibujos tan sumamente malos. Sí, así de franco. Me recuerdan a ciertos dibujantes de manga o de comic americano de superhéroes. ¿Seguro que el señor Robertson no lo sabe hacer mejor? Tengo entendido, que para llegar a ser un buen dibujante, y crear tu propio estilo, antes debes aprobar una serie de lecciones, como serían las de perspectiva, proporcionalidad, anatomía, etc. Y me da la sensación de que no es el caso. Hay viñetas que son auténticos despropósitos. Por no hablar de la sensación que me recorre a veces al ver a un personaje relevante de la historia dibujado de diferente forma (parece que está hecho por autores distintos) en determinados puntos del libro.

Me explico:

(Ojo, los tres dibujos en el mismo comic. ¡Impresionante!)

Y puede que para otras personas, estos errores no tengan mucha relevancia. Pero al menos, para mí, sí.

Afortunadamente, en la última edición de la Semana Negra de Gijón, me hice con otro número de “AIDP”, de Mike Mignola, con dibujos de Guy Davis (a veces me recuerda a Alfonso Font), y la cosa mejoró. Sustancialmente: